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LEMONADE

Parkwood Entertainment/Sony Music, 2016

RnB/Pop

Valoración: 6.5

Disponible en: TIDAL | iTunes

La señora de Jay Z sabe que ya no está en edad de lucir pezones o twerkear à la Rihanna. A la vez, que tampoco le ha llegado todavía la hora de tirar de nostalgia y aferrarse a su pasado. Así que tras la crítica bajada de ventas sufrida a raíz de 4 (2011) y ver de cerca las orejas al lobo de la irrelevancia, Bey imitó a su marido, y se puso a redefinir a su gusto las reglas por las cuales un artista ‘cuenta’ en la industria.

Con Beyoncé (2013), la jugada salió de maravilla y este Lemonade, por concepto y enfoque, se nos presenta ahora como una obvia secuela. Así que no te esperes un álbum con singles o hits en potencia; Bey nos trae una colección de canciones con la que pretende acompañar a esa maravillosa experiencia que se supone es para nosotros el ser testigos de su vida.

Para ello cuenta una vez más con habituales como Boots y The-Dream, aunque hay margen para sorpresas, como la siempre grata presencia de James Blake (“Forward”) o ver los nombres del gran Melo X o Wynter Gordon, como responsables de “Sorry”, uno de los mejores momentos del disco. El brillo viene también con temas como “Love Drough”, junto a “Formation” uno de los pocos tracks con potencial del álbum, y en donde el fantástico trabajo de Mike Dean en la producción saca petróleo actualizando los ambientes del viejo RnB noventero. Sin embargo, inopinados acercamientos al country como “Daddy Lessons” y tópicos ejercicios de Rhythm and Blues oldie como ese “Don’t Hurt Yourself” con Jack White, nos devuelven a la aburrida realidad.

Como colofón está “Freedom“, la aportación de Kendrick Lamar a este Lemonade. Un tema que no desentonaría en el To Pimp a Butterfly por su enfoque y concepto, que Bey mete con calzador para afianzar esa imagen de revolucionaria de cartón piedra, que lleva cocinando desde su polémica aparición en la Super Bowl. Efectivamente, ver a esta ex republicana confesa querer convertirse ahora en adalid de la seudo progresía cultural americana es lo más parecido a ver a Norma Duval convertida en Podemita. Delirante.

Aun así, puede que la gran virtud de este Lemonade es ser justo lo que Beyoncé necesitaba. No intentes visualizarlo como un simple disco al uso, es literalmente una extensión natural de su intérprete y además, un pretexto para que sigamos hablando de ella. Si eres fan, lo adorarás. Si ya has dejado de forrar tu carpeta con las fotos de tus ídolos, te recomendamos ahorrarte unos cuanto bostezos.