Dizzee Rascal

THE FIFTH

Island Records/Universal, 2013

Rap/Pop/Electrónica

Valoración: 6.0

Disponible en: Amazon | Itunes

El británico Dizzee Rascal presenta su quinto álbum de estudio afirmando que es el mejor producido de su carrera. Sobre el papel, puede que no le falte razón al londinense. Nombres como Free School, responsables en buena medida del sonido de lo último de Chris Brown, Calvin Harris o el inefable RedOne demuestran que estamos ante un producto de alta gama, con claras intenciones de volar más allá de las listas británicas.

Como es lógico, poco queda de la coherencia sonora de aquel viejo Dizzee, que anclaba su sonido en todo lo que estaba pasando en la electrónica y la música urbana británica de los 2000. The Fifth es un disco de singles. De esos pensados para ser vendido a través del éxito de cada uno de los temas, seleccionados y reunidos con el objetivo contentar al mayor espectro de público posible. Una amalgama de sonidos, texturas y discursos al que tan sólo el carisma y la personalidad de Rascal da cierta coherencia. Hay aciertos, como la curiosa presencia de Trae Tha Truth y Bun B en «H-Town», una suerte de homenaje al rap de Houston al que A-Trak pone música, o el encuentro con Tinie Tempah en «Spend Some Money», uno de los tracks más genuinamente «brit» del disco.

Pero también hay sitio para sonoros despropósitos. Temas como «We Don’t Play Around», nos devuelven al RedOne rey del autoplagio, ese capaz de repetir la misma fórmula y estructuras hasta la nausea allá donde le pongas. Un deslucido pastiche dance-pop que el oyente tendrá la sensación de haber oído mil y una veces antes, y en la que la presencia de la cantante inglesa Jessie J importa más bien poco. Para cerrar el álbum, Rascal incluye el bonus track «Bassline Junkie», uno de sus últimos éxitos previos al disco y que poco tiene que ver con el tono global del proyecto. Un tema incluido con calzador, pero que supone un anecdótico pero refrescante regreso a la era del Grime y sus derivados.

The Fifth se ha planteado como un batiburrillo sonoro que, sin rubor alguno, intenta sacar tajada de la fiebre EDM, una etiqueta convertida ya en cajón desastre donde la industria intenta colocar productos como éste, entre el Pop, la electrónica y la música urbana. Dizzee Rascal ha sabido de nuevo adaptarse a los tiempos y ofrecer un producto para todos los públicos, aunque un punto por debajo de sus homólogos en la industria.