“Simplemente me gusta lo que hago y la gente parece responder”, esa era Sharon Jones, una de las voces más brillantes del funk y el soul contemporáneo, a la que un cáncer de páncreas ha apagado poquito a poquito.

Nacida en Augusta en 1956, Sharon vivió la mayor parte de su vida en Nueva York, ciudad que le daría la oportunidad de iniciarse en la música y donde el pasado día 18 de noviembre de 2016 fallecía. Decía Miss Jones o ‘Miss Lafaye’ (como se hacía llamar en sus inicios), que hubo un momento en el que la industria musical la catalogó como una cantante “demasiado gorda, demasiado negra, demasiado bajita y demasiado vieja”, lo que no le dijeron los iluminados de la industria es que era demasiado válida para pisar y sentar cátedra en los escenarios.


Tras años en el ostracismo, trabajando fuera del mundo del espectáculo, la ‘fiera’ de Sharon retornó a las grabaciones y a los discos en 1996, ¡A Dios gracias! Por esa bendición. Su vuelta nos ha dejado 6 discos, una nominación a los Grammy por Give The People What They Want (2014, Daptone) y una puesta en escena espectacular. Y en todos estos años desde que se le diagnosticó la enfermedad en 2003, la cantante no paró de recorrer el mundo junto a su banda The Dap-Kings, con esa voz del pasado y esa carcajada tan particular.

Para sus seguidores, su espíritu y su música sobrevivirán por siempre, para los que se inicien en el deleite de su voz siempre quedarán canciones, “Stranger to My Happiness”, “100 Days, 100 Nights”, “Longer and Stronger”, “I Learned The Hard Way”… Muchas canciones.